ValpoApartado
sábado, 15 de febrero de 2014
miércoles, 12 de febrero de 2014
De Plástico
Dibujos animados. Pipiripao con su toque oriental de Heidi y Candy Candy,
Hanna Barbera con los Picapiedra y su contraparte futurista atendida por la
Robotina, Warner Bross con los Loney Tunes, Porky y su “Eso es to, eso es to,
eso es todo amigos”, el Show de Tex Avery, pues como olvidar a Droopy y su
inexpresiva felicidad. Las mismas caricaturas, tan repetidamente como el fondo
dibujado a 24 cuadros por segundo que recorren los mismos personajes, las
mismas veces, una y otra vez. El niño lo sabe, pero se ríe y se entretiene
sabiendo que su padre de vez en cuando llega con algún VHS Disney Adventure para
sacarlo de la rutina. Esta vez es La Sirenita y su canto angelical. Tan tierna,
tan dulce, tan pobrecita queriendo ser lo contrario a lo que papi dios le
regaló al nacer. Además es colorina, piensa el infante. ¿Eso existe? ¿Será
teñida? Que peinadita se ve abajo del agua, le comenta el pequeño a su seis
años mayor hermana que alucina con los bellos ojos celestes del Principe Eric
y su sonrisa perfecta, su espalda perfecta, sus piernas perfectas, su culo
perfecto, su todo tan perfecto, si hasta su mejor amigo es un perro felpudito
felpudito, como la champa noventera que ha de guardar el tan sensual príncipe bajo
sus ajustados pantalones azules.
Es navidad y entre los View Master con sus diapositivas de autos y barquitos, entre tanto dinosaurio a cuerda de colección, rompecabezas, vehículos a control remoto, milicos verdes y tan de plástico como en la realidad, tanto juguetito y tanta webada, que el chiquitito abre sin parar con su sonrisa contratada, igual que la del ya sacado al baile Droopy, esperando que el hombre de los renos se apiade y le traiga aunque sea un robot para poder vestirlo con los pañitos de lana del comedor. Igual que tantos frustrados mini coliza que terminan odiando al pobre viejo navideño, y así como que no quiere la cosa empiezan a toquetear el set de My litlle Pony que le llegó a la hermana, o la nueva Barbie enfermera, gimnasta, abogada, cocinera, ama de casa, a veces puta, a veces sola, a veces con el morocho hombre sin paquete que le toca por sorteo, porque quién se fija en el Ken, si lo que importa es la Barbie con su rubio pelo bien largo para que dure harto cada vez que la princesa del hogar le baje lo artista y se las dé de peluquera. Pero ese año a la chicoca no le trajeron su anhelada Rosalba que es como tú de alta y su pelo crece para que puedas peinarla, no. A ella le trajeron la Barbie Sirenita. Muy original en su caja azul, muy sofisticada con su set invernal de ropa tejida en lana, pero que aun así la enrabiada pendeja tiró a la mierda, porque no venía con el culón del Eric, y que ella quería la Rosalba, y que los odiaba a todos, y que su mamá no le daba pan con manjar colún.
Es navidad y entre los View Master con sus diapositivas de autos y barquitos, entre tanto dinosaurio a cuerda de colección, rompecabezas, vehículos a control remoto, milicos verdes y tan de plástico como en la realidad, tanto juguetito y tanta webada, que el chiquitito abre sin parar con su sonrisa contratada, igual que la del ya sacado al baile Droopy, esperando que el hombre de los renos se apiade y le traiga aunque sea un robot para poder vestirlo con los pañitos de lana del comedor. Igual que tantos frustrados mini coliza que terminan odiando al pobre viejo navideño, y así como que no quiere la cosa empiezan a toquetear el set de My litlle Pony que le llegó a la hermana, o la nueva Barbie enfermera, gimnasta, abogada, cocinera, ama de casa, a veces puta, a veces sola, a veces con el morocho hombre sin paquete que le toca por sorteo, porque quién se fija en el Ken, si lo que importa es la Barbie con su rubio pelo bien largo para que dure harto cada vez que la princesa del hogar le baje lo artista y se las dé de peluquera. Pero ese año a la chicoca no le trajeron su anhelada Rosalba que es como tú de alta y su pelo crece para que puedas peinarla, no. A ella le trajeron la Barbie Sirenita. Muy original en su caja azul, muy sofisticada con su set invernal de ropa tejida en lana, pero que aun así la enrabiada pendeja tiró a la mierda, porque no venía con el culón del Eric, y que ella quería la Rosalba, y que los odiaba a todos, y que su mamá no le daba pan con manjar colún.
Ahí quedó entonces la muñeca, bien vestidita con su traje versión humanoide de
faldón azul, corsé negro y manguitas blancas traslúcidas. Paradita sonriente
en la repisa rosa de la habitación de la peque, donde en misión Tortuga Ninja
entraba el hermanito menor a buscar a su amada colorina cola de pez, con la que
camuflada entre autitos de colores, el muchacho se pasaba la tarde peinando y
probando atuendos, fingiendo los “Ruuum Ruuum” de los motores, cada vez que
sentía a algún mayor acercarse al orgullo del taita. Ariel, se llamaba su nueva
y plástica amiga subacuática. Ariel, si hasta nombre de hombre tenía la
desgraciada, pero yacía muy de labios pintados y peto tropical. Estaban hechos
tal para cual, teta y sostén. Hasta que una tarde de invierno, en esos años
donde al menor le empezaba a picar un poquito de más el pilín, tomó a su amada
de eterna sonrisa, montaron juntos su auto a pedales, donde las piernas del
mocoso ya casi no entraban y la llevó al olvidado cuartucho de atrás, ese que quedaba atravesando el patio. La desnudó despacito, muy despacito casi pidiendo permiso, respirándole
en la cara su congelado aliento vaporoso, como lanzándole a propósito el humo
de un inhalado cigarro, y con la muchacha en pelota, el experimental polluelo
se tendió en el piso entierrado, dejando prisionera a su cita entre el buzo
pantalón y su suave pelvis pelada, esperando un par de minutos expectante de
una realidad desconocida e inexplorada en su corta juventud. No habrán pasado más
de dos vueltas de reloj, hasta que con las manos temblorosas y mientras intentaba
devolverle sus ropajes revolcados por la aquietada acción, oyó la temida voz de
su amachado padre, quién lo buscaba para salir a jugar al balón, y sabiendo que
él jamás comprendería aquel tiernucho acto de amor que el chiquitín había
cometido, el inocente desvirgado por la sexualidad censurada sin pezones de MATTEL, salió arrancando del
lugar, dejando a su compañera sola, de patas abiertas, hocico a tierra,
despeinada y a medio vestir.
Pasaron algunas semanas hasta que la madre del niño, buscando quién sabe
qué en el viejo cuarto al fondo del patio, encontró a la bella Ariel, ahora no tan bella, ahora hecha mujer. De cara
al piso, los días borraron su eterna sonrisa. El pequeño avergonzado por aquel
acto de cobardía, jamás nunca volvió a mirarla a sus gastados ojos, nunca al
menos hasta que alertado por el estreno en señal abierta de Chucky el muñeco
asesino, tomó temeroso a su antigua amiga y la botó en el basurero de la
esquina.
A la navidad siguiente su berinchuda hermana, finalmente recibió su
medio metro de rubia Rosalba, haciendo florecer nuevamente el corazón
confundido del ahora seis añero explorador muchacho, pero esa sin duda fue otra acalorada y experimental historia.
Relato incluido en el libro "Valpoapartado"
Por PUNTO APARTE
martes, 4 de febrero de 2014
Rocker Love
Él revisaba el FLOG de su idealizado Rocker al menos unas veinte veces al día, sólo para ver si esas encadenadas caderas subían una que otra foto de sus ensombrecidos ojos achinados, tan de moda, tan cotizados al contacto intercambiado del fluor fucsia y al vampirizado blanco que lo hacían recordar al fallecido PINK, ese perro siberiano que le obsequiaron al cumplir los cuatro de edad. Mientras el amado Rockerito presumía ahí, tan esbelto, su tatuada anorexia en cada PIC, en cada uno de esos posteos llenos de grotescas palabras aludientes al modernismo del sexo, droga y Rock & Roll. Esas no tan formuladas frases que hacían al ciber fan desear mordisquear sus rasguñadas costillas marcadas por largas y enmaltecidas uñas del carcomido negro que sus chuecos dientes mordisqueaban entre el pixeleado flash. Te vas a F/F. El otro día me pareció verte. Buen look. Me encantan tus pantalones rotos ahí. Sí, justo ahí. ¿Das EME ESE ENE? Te agrego, tranqui. Esta cosa va algo lenta.
Entonces un par de charlas otoñales subían el tono del fraseo intermitente de cada enviar. Tengo ganas. Yo también. Debe ser el calor. El calor incrementado por las risas, las preguntas y el envío de la pegada CAM. El emocionado joven desde un ciber y el tan deseado Rocker en su allegada casa entre los suburbios Placilleros de ese alejado sector de Valparaíso. Mientras, el clavado rostro de metálicos piercings guiñaba mordiéndose los labios, lamiendo con su atravesada lengua restos de la Becker que haciéndose el bakán bebía. Te quiero violenciar. Es hacerlo con violencia. ¿Lo habías oído? El hipnotizado muchacho que creía tener experiencia por juguetear de vez en cuando con sus primos del interior a todo respondía con un deseoso e inocente sí, sin imaginar que luego de un par de días de charla concretarían una amigable cita, sólo para conocerse un poco, y entre los ropiparchados amigos del popular Rock Star, quienes miraban con disimulado celo al moreno nuevo amigo de su gurú, se daba la anhelada instancia de compartir algunas chelas y ron limón en un depa del Gomez Carreño Viñamarino.
Un alfombrado cuarto
vacío, acompañado de una automática lavadora y un ventanal que iluminaba a
penumbra las perforadas tetillas de ese sueño casi concreto, tan real como
ambos penes erectos chocando en un combate isabelino, mientras sus lenguas
recorrían en punta clavícula a clavícula, marcando a colmillazos el recorrido
del ensalibado camino. Tirado a espaldas del suelo, yacía el ebrio adolescente
ensoñado ante el alcohol que sobre sus formados abdominales el masoquista Rocker
succionaba de sus inexplorados rincones, para luego contra la pared sentir
apuñaladas sus englobadas nalgas, mientras gemidos como aullidos a la circular
luna lo iban volviendo un enculado lobo.
Cambio de habitación, la desarmada
cama doble plaza de los dueños de casa, el reluciente baño ceramizado y la maderera
gran mesa del comedor. Ya no quiero. ¿Tienes miedo? Al grito del silencio el
vampirito de internet encendía un cigarro. Tranquilo. Traspasó el humo de
garganta a garganta, mientras la ebriedad se hacía presente entre mordiscos
labiales de las irritadas bocas que llevaban horas intercambiando corporales
fluidos. Ahora era el domesticado Rocker quien se revolcaba boca abajo. Es tu
turno. No puedo. ¿No quieres? Tengo miedo. ¿De mí? De enamorarme. Nos conocimos
hoy. Pero hablamos hace días. Disfruta la noche. Eso hago. Podrías hacerlo más.
Relájate. El lampiño culo flacucho del ciber amante fue tatuado con la
deformada mandíbula el temor. El perforado Rocker afirmándose del
mueble más cercano, aumentaba su lordosis apuntando al cielo y era
tiernamente acariciado con las caderas de su acompañante. Ternura que al rato
se volvió violenta entre estrenados mordiscos y sangrantes rasguños de piel que
dejaban a ambos cuerpos tiritones. Antes del último aullido, el sodomizado piel
de papel tragó la sangre blanquecina de la presa enrojecida. Su boca chorreante
se iluminaba ante la enmarcada luna, que volvía a las bestias dóciles como los
pubertos que en realidad nunca dejaron de ser.
Fue así como desnudos y
antes de cerrar sus ojos, ambos cuerpos sellaron su primer masoca noche en una
foto que nunca recibiría el posteo del popular FOTOLOG, ni tampoco del venidero
FACEBOOK. Sólo, luego de infinitas muchas noches después de ese choque de fríos
maniquíes, al cumplirse otro año del natalicio del ya no amado Rockerito, la
misma foto que sello el desvirgue del morocho cibernauta, sería subida a una
dirección de internet cualquiera, deseándole, el ya no tan joven muchacho, un
simbólico feliz cumple al ladrón de su castidad. Al Rocker, su primer y ya no
On-line amor que aquella noche hizo arder su cuerpo, curando las heridas del rasguño
con los restos de alcohol que vertía desde su perforada boca.
martes, 7 de enero de 2014
Mi LOLA
Tenía quince años y el típico síndrome de
pendejo EMO de querer matarse. En voláh, sólo para llamar la atención, lo
asumo. Ya saben, la vieja historia de que tus viejos son separados, a tu papá
no lo ves hace caleta de tiempo y tu mamá trabaja tanto que ni siquiera sabe
que te cargan esas mierdas de pasteles con marrasquino que te trae a diario y
que teníh que pasar con un tazón gigante de té para no hacerle el desprecio.
Dos y media de la mañana, pesco mi celular y despierto a mi vieja. Mamá, dígame Te quiero. Le corto, sigo caminando y cuando despabilo un poco doblo por la calle donde está la Teletón. La cabeza no me da más, todo me da vueltas, veo borroso y en eso cacho la sombra de un montón de weónes que se me vienen acercando. Conchetumare, cagué, me van a asaltar. Trato de mantenerme vivo, pero ya están muy cerca. ¿Teníh quinientoh? ¿Teníh monéa? ¡No me hagan nah, weón! ¡No tengo plata! Son quinientoh. Lo chupamos por quinientoh. Entonces abro un poco más los azules y cacho que un montón de travestis me tenían rodeado, caigo de rodillas y me pongo a llorar. Todas se rieron, todas menos una, La LOLA. Las despachó a todas en un dos por tres, me sentó en la vereda y me secó las lágrimas. Conversamos tanto que no me di ni cuenta cuando ya estaba claro. Entonces por primera vez desde que era pendejo sentí ese calor de madre, ese que ni mi propia madre había sido capaz de darme. En ese momento supe que nunca iba a dejarla sola, porque ella era MI LOLA.
Dos y media de la mañana, pesco mi celular y despierto a mi vieja. Mamá, dígame Te quiero. Le corto, sigo caminando y cuando despabilo un poco doblo por la calle donde está la Teletón. La cabeza no me da más, todo me da vueltas, veo borroso y en eso cacho la sombra de un montón de weónes que se me vienen acercando. Conchetumare, cagué, me van a asaltar. Trato de mantenerme vivo, pero ya están muy cerca. ¿Teníh quinientoh? ¿Teníh monéa? ¡No me hagan nah, weón! ¡No tengo plata! Son quinientoh. Lo chupamos por quinientoh. Entonces abro un poco más los azules y cacho que un montón de travestis me tenían rodeado, caigo de rodillas y me pongo a llorar. Todas se rieron, todas menos una, La LOLA. Las despachó a todas en un dos por tres, me sentó en la vereda y me secó las lágrimas. Conversamos tanto que no me di ni cuenta cuando ya estaba claro. Entonces por primera vez desde que era pendejo sentí ese calor de madre, ese que ni mi propia madre había sido capaz de darme. En ese momento supe que nunca iba a dejarla sola, porque ella era MI LOLA.
sábado, 28 de diciembre de 2013
Arena, Sol y Cervezas
Y a esa edad ni el viento friolento, ni la hora
atardecida eran capaces de impedir que esos cuerpos jactantes de torsos
desnudos hicieran bacilar mi temple libidinoso, carente de afecto y placer
sexual, que completamente agradecido vislumbraba tetillas morenas erectas por
la brisa y penes acomodados por shorts cuadriculados. Hubiese querido ser como
ese puto perro playero que se abalanzaba entre pieles saladas remojadas por el
mar, mientras el verano se acercaba y yo no hacía más que agradecer por esas
juventudes que dejaban entrever nalgas fibrosas apegadas al bañador. Completamente
excitado, dejaba fluir mis fantasías de piel contra piel y uñas contra carne.
Aunque las mías ya demacradas por tanto sol y ajetreo de casi cincuenta veranos
concluidos, seguían sacando filo a la espera de una buena presa. Y entre
alucinaciones solares costaba comprender que ya no era yo quien desfilaba en
disimulo ante viejos de hocico putrefacto, ni era motivo de codicia o tentación
erótica. Pues no era yo por el que extraños se corrían la paja con manos entre
los bolsillos de buzos deportivos. Más bien era yo quien miraba por sobre
anteojos, esperando el momento y segundo en que restregasen sus manos sobre los
oblicuos para quitarse la arena y se encontraba escribiendo en una escalera
arenada de peldaños orinados, con un cuaderno robado y un lápiz prestado. Solo,
inmerso en una ciudad ajena de tristes fantasías juveniles dormidas.
Relato incluido en el libro "Valpoapartado"
Por PUNTO
APARTE
domingo, 8 de diciembre de 2013
viernes, 6 de diciembre de 2013
Carne Fresca
Atormentado y excitado, él se revuelca bajo
el cobertor, masajeando su glande contra nalgas tersas y suaves. Tiene miedo, pero
no lo sabe, aunque verdaderamente ambos lo tienen. Uno de entregar su cuerpo y
el otro de romper algo más que el corazón del pequeño. Sube la música mientras se cierran las cortinas, la ropa
se derrite junto al calor de una tarde primaveral y vientos sutiles intentan
apaciguar las emociones del momento. Se besan, se esquivan y se piensan, mientras en otros piensan. Pero su carne ya está
tirada, húmeda y cocinada, lista para servir y disfrutar. Los dedos son
sensibles a toda pulsación y quieren dejar su huella de punta filosa en pieles
suaves y virginales. Una frase fomenta el que hacer, mientras un grito de dolor
lo irrumpe todo. Es un espejo, no un espejismo. Tan real como el recuerdo de
hace seis años, donde un cuerpo yacía sobre la alfombra y la penumbra de la
luna iluminaba otro dieciocho añero bañado en alcohol, ardiente de cicatrices
de placer. Ahora no hay maldad, sólo deseo, pues ambos lo tienen y es fácil de
saber.
El tiempo se agota y suenan las alarmas. Una prostitución moderna, como
un trámite vulgar de quien va y viene. No hay palabras, ni miradas. Se oye un
“Te amo”, mientras él sigue sin querer verse en ese otro él. Si uno sufre,
ambos lo harán. Ese amor debería bastar, pues no es sentimiento de deseo, es
evitar un mal mayor.
Ahora su carne es cercenada, preparada y ya probada. Su carne está
catada, comida y vomitada. Su carne fue servida, disfrutada y desechada. Su
carne fue el menú de una tarde de ocio flagelada.
Amaneceres
"El
sol de 2 de la tarde ya se volvía insoportable atravesando las persianas rotas
de aquella pieza descuidada e iluminando poco a poco sus pestañas postizas
pegoteadas por lagañas, más una peluca plástica cuyos pocos pelos estaban tan
enredados como muñeca de feria y un lápiz de labio un tanto esparcido por el
rostro y parte de su blusa. Abre los ojos tranquilamente, recordando el lugar
en el que está y como fue a parar a ese colchón, pero no es nada nuevo. A su
lado una puta de esas bien putas, pero buena persona la muy mujer. Viste unos
trapos aleopardados, tipo animal print que seguramente robó de un tendedero
luego de un carrete, dejando entrever parte de su colales negro que se asoma
entre sus cachetes blancos y regordetes. Se levanta lentamente, despidiéndose a
penas de la chica de junto que dormía de guata con su boca entre abierta y
babeando algo que parecía ser una almohada…"
Fragmento incluido en el libro "Valpoapartado"
Por PUNTO
APARTE
(Raúl Vera)
Niño de Papá
En momentos como este me acuerdo de mi papá. Trato de acordarme de su
pelo, su piel, sus brazos grandes apretándome contra su pecho, sus manos
ásperas rozando mi cara y su dedo gordo entrando en mi boca. Me encantaba
morderle los dedos.
Cuando estoy solo me gusta mirarme al espejo en pelota. Me gusta mi
cuerpo, me encanta mirarme, que me miren, que me toquen, que me deseen, que
sientan mi cuerpo de niño mientras se les para la pichula. “Pichula”, me encanta esa palabra, pico es
muy de los noventa.
Cuando era chico tenía un amigo, el Pipe. Me caía bien el pendejo weón,
pero yo lo envidiaba porque su papá lo llevaba a la plaza a jugar a la pelota y
le compraba ramitas de queso en el negocio de la esquina. “¿Puedo jugar?”. A mí
nunca me gusto jugar a la pelota, pero me encantaba meter goles, porque para
celebrar, el papá del Pipe me tomaba en sus brazos y me hacía dar vueltas en el
aire. Cuando terminábamos de jugar, yo le ponía caritas y él me compraba
galletas, helados o si tenía un poco más de suerte me invitaba a comer
completos a su casa. Una vez cuando me despedí, le pase la lengua por los
labios al papá del Pipe y nunca más me dejaron jugar con ellos.
Siempre he pensado que con carisma se puede conseguir todo. Me arreglo
un poco, voy a la disco, me siento en una esquina de la barra y dejo entre mis
dedos un cigarro sin encender. Es una trampa mortal, pero hay que ser cuidadoso,
la víctima debe ser perfecta. Bien vestido, solitario, la edad necesaria,
posiblemente un trago recién comprado. Primero un cruce de miradas, una leve
sonrisa y corres la mirada tímidamente, haciéndote el desinteresado. Lo tengo. ¿Estás
solo?, ¿Bebes?, ¿Quieres bailar?. La
noche está asegurada. Tengo complejo de puta, sin ofender a mi madre. Ella en
su trabajo y yo en el mío. No somos tan diferentes, me gusta dar placer. ¿Qué
le voy a hacer?
Trátame como a un niño. Hoy quiero ser tu niño. Por eso tócame como mi
padre, abrázame como mi padre, apriétame como mi padre, pégame en el culo como
mi padre y déjame decirte Papi, mientras te corro la paja. Me excita sentir el
palpitar de tu verga en mi mano cuando te hago acabar mientras muerdo tus
dedos. Siéntame en tu regazo que hoy eres mi padre, mañana quién sabe. ¿Para
qué quiero un padre, si puedo tener cien? Cada uno en su forma, en su actitud.
Son hombres que suplen conmigo, lo mismo que yo suplo con ellos. Ellos me
contienen y yo los contengo. Soy un niño de papá, pero sin papá. ¿Tú quieres
ser el mío?
"Insisto"
Ese cuerpo y sus caderas, ese pelo y su vaivén. No sé ni siquiera desde
que hora estoy aquí sentado, observando, admirando, viéndole salir y bailar una
y otra vez. Una mirada, si tan sólo me diese una mirada, acabaría con estas
locas ganas de abalanzarme sobre su cuerpo agitado y decirle lo que siento.
Quisiera tocarle o aunque sea solamente rozar esas suaves curvas plásticas
hasta volver a sentirme como un niño. Sí, desde esta silla metálica su cuerpo
se ve suave y delicado. Otra copa, por favor. Bebo vino como desesperado,
intentando caer al piso, agonizante. En cambio sigo aquí sentado, analizando
cada uno de sus pasos, y ella ahí, sobre el escenario, entre cortinas y bajo
luces que dan brillo a su cara de muñeca de colección. Sólo quisiera saber si
podría volver a sentirle tan mía, mientras yo vuelvo a sentirme tan suyo,
aunque realmente pudiese ser ella un mío y yo un siempre suyo. Más nunca
entendí ciertos arquetipos, ni jamás pensé sentir lo que malditamente siento
ahora. Carne que es como mi roja carne y un cuerpo que es como mi propio
cuerpo, sabiendo recalcar la delicadeza del quehacer masculino, resaltando lo
femenino. Desde aquí te veo, haciéndome sentir lo que tal vez nuca pensé sentir
ante una piel como la tuya.
Tiene algo más de cuarenta, yo apenas unos diecinueve. La edad jamás lo
dijo todo, y en estos momentos calla como nunca antes lo hizo. Su nombre
"Juan José", según su Cédula, pero a quién le importarían unas
cuantas letras impresas, si yo le sigo queriendo aunque se llame Kasandra. Amor
imposible de no amar e imposible de olvidar. Si me dejases volver a estar tan
sólo un segundo más a tu lado y pudiese penetrar tu verde falso con mis pardo
que son tus pardo por generación. Si pudiese arrancar tu rubio platinado,
dejando tu negro parqué. Si pudiese quitar tus curvas engüinchadas, dejando esa
áspera piel. Si pudieses olvidar tu temor, dejando mi gran admiración. Tal vez
entonces y sólo entonces llegarías a decirme "¿Cómo te ha ido, hijo de mi
corazón?"
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